Esta es una posible respuesta correcta:
«Este fragmento pertenece a la tercera meditación de la obra
de Descartes Meditaciones metafísicas.
En ella, se propone aplicar el método, en primer lugar, planteando la duda
metódica y, a partir de esta, alcanzando ideas claras y distintas que superen
todo motivo de duda. En la tercera meditación, en particular, el tema central
es la idea de Dios y la demostración su existencia y su bondad infinita, lo que
excluye la posibilidad de que nos engañe acerca de la existencia del mundo
exterior.
En el fragmento que nos ocupa, el filósofo francés presupone
que poseemos la idea innata de Dios, fruto de una intuición intelectual. En
primer lugar, la describe como la idea de un ser infinito, es decir, máximamente
perfecto y sin límite alguno, eterno, que no cambia, que todo lo sabe, que todo
lo puede, que es creador de todo lo que existe, si es que existe algo. Todas
estas propiedades no las entiende como modos de la sustancia divina, ya que los
modos de las sustancias son variables y en Dios no puede haber cambios; en
realidad todas ellas coinciden con su atributo esencial, que es la infinitud o
perfección máxima.
A continuación, elabora un argumento para demostrar que Dios
no sólo es una idea en nuestra mente, sino que también existe fuera de ella.
Concretamente, señala que una idea de algo infinito y totalmente perfecto no
puede provenir de nosotros mismos, que somos finitos e imperfectos, pues en la
causa debe haber, al menos, tanta perfección como en el efecto. La idea de Dios,
por tanto, no ha podido ser causada por nosotros sino que solo ha podido ser
puesta en nuestro espíritu por una sustancia que sea infinita y perfecta. Por
consiguiente, debe existir esa sustancia infinita, que es Dios.
Este argumento tiene un carácter deductivo que consta de tres
pasos. En el primero, parte de que poseemos la idea de Dios como una sustancia
máximamente perfecta. Poseemos esta idea porque nuestro pensamiento es
imperfecto y limitado, ya que dudamos y nos equivocamos, y esta idea de imperfección
del yo exige que resida en nuestra mente otra idea de perfección máxima que
haga posible, por comparación, aquella idea.
El segundo paso del argumento es la aplicación del principio
de causalidad, pues lo más perfecto, la idea de Dios en nuestro espíritu, no
puede provenir de lo menos perfecto, nuestro propio pensamiento.
En tercer lugar, afirma que nosotros, que somos imperfectos,
no podemos ser el origen de nuestra idea de Dios, que es máximamente perfecto e
infinito. De donde se concluye que Dios existe y es causa de su idea en nuestra
mente.»
En este comentario se podrían incluir algunas otras
afirmaciones de Descartes sobre Dios. Por ejemplo, explicar otros argumentos
del autor para probar la existencia de Dios, o comentar cómo la existencia de
Dios es garantía para saber con certeza que existen cosas corpóreas distintas
del yo pienso, etc.
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