sábado, 10 de noviembre de 2018

Solución al comentario del texto de S. Agustín


Esta es una posible respuesta correcta a la cuestión planteada:

«San Agustín escribe Del libre albedrío en forma de diálogo entre Evodio y él mismo, para tratar sobre la cuestión del mal moral y la libertad, tema que le interesó mucho durante toda su vida. El libro II de esta obra, al que pertenece el presente pasaje, se ocupa de esclarecer cómo la libertad es causa del mal moral, en otras palabras, del pecado.

Según este fragmento, Dios otorga la libertad al ser humano para concederle la capacidad de actuar bien y no para que realice acciones malas. Por esta razón, cuando alguien emplea la libertad para actuar mal, es decir, para “pecar”, entonces, como no la usa para el fin para el que Dios la confirió, es justo que Dios le castigue.

El obispo de Hipona señala aquí que emplear la libertad para obrar bien es hacerlo “según razón”, es decir, de acuerdo con la ley eterna. Hay que tener en cuenta que la ley eterna es la “razón divina” que ordena todas las cosas creadas hacia su fin; además, ésta puede y debe ser conocida por todos los seres humanos por medio de la inteligencia.

Este fragmento refleja también que tanto la libertad humana como la justicia divina son grandes bienes. La libertad, porque es condición de posibilidad de realizar buenas obras, que sean meritorias y dignas de ser premiadas. La justicia divina, porque es un atributo de Dios que consiste en premiar el buen uso de la libertad y condenar su abuso.

Si no hubiera libertad, las acciones del hombre se dirigirían a sus fines de manera necesaria, careciendo, por tanto, de responsabilidad moral y de mérito. No existiría la libertad como un bien que Dios otorga al hombre y, al mismo tiempo, no existiría el bien que supone la justicia divina que premia o castiga a quienes lo merecen, según sus comportamientos se ajusten a la ley divina o no.

Cabe destacar el alto valor que Agustín concede a la libertad como rasgo esencial del ser humano. Gracias a ella podemos amar ordenadamente el bien y realizarlo, aunque, a la vez, podemos emplearla mal, dando lugar al mal moral, que, en su opinión, es el único verdadero mal que hay en el mundo.

En resumen, según este pensador, la libertad es un gran bien concedido por Dios al hombre, para que lo emplee en buscar y amar lo que Dios manda, pese a que existe el riesgo de que lo dirija hacia el mal. Al mismo tiempo, la justicia de Dios es otro gran bien, que complementa el de la libertad, pues se encamina a recompensar las buenas acciones libres o a castigar aquellas que son malas.»


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